En su libro "Coping with Old Age" (Como asumir la Tercera Edad), Pat Blair escribe "Muchas veces cosas como sentirse querido, deseado y necesitado por otros hacen que seguir viviendo merezca la pena. Sin el contacto con otros seres humanos, los problemas pueden crecer, las enfermedades toman una nueva dimensión y no disponemos de un baremo que nos permita poner en perspectiva nuestros problemas".
Lo malo es que cuando se envejece, ya no hay tantas personas alrededor con las que pueda entenderse y relacionarse. Algún amigo ha muerto o tal vez ha tenido que trasladarse del lugar de donde antes vivía. Además, en esta edad es más difícil hacer nuevas amistades: ya no hay compañeros de trabajo, probablemente se tenga una vida social menos activa que antes, y desde hace muchos años se carece de foros de amistades tradicionales como por ejemplo la puerta del colegio de los hijos.
Por todo ello, en la tercera edad se valora especialmente a los viejos amigos, y nuestro lenguaje social e historia común nos unen más que nunca.
En los últimos años, Internet permite localizar personas con las que se perdió el contacto, hay asociaciones para la tercera edad y existe cierta demanda para hacer servicio voluntario. A través del proceso de ayudar a los demás, pueden surgir nuevas amistades.
Un tipo de amistad muy especial es aquel que se forma traspasando generaciones. Abuelos y nietos compartiendo una afinidad, y si no se goza del privilegio de ser abuelo, tal vez se puede ser "tío(a)" adoptivo de un niño. Los miembros de la tercera edad con sus arrugas e historias de un lejano pasado, resultan muy fascinantes para los niños.
No existen reglas sobre cómo hacer amigos aplicables a todo el mundo. Tal vez sea difícil hacer amigos, pero probablemente es más difícil todavía vivir sin ellos.
FUENTE:http://envejecer.euroresidentes.com

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